El "Alcorconazo" y el trabajo bien hecho


¿Quién debe dejar el banquillo? ¿Quién pone orden en el vestuario? ¿Por qué cuando pierde un equipo el culpable es el mister? Lo que pasó en el partido entre el Real Madrid y el Alcorcón en el trofeo de la Copa del Rey es un ejemplo de motivación. 11 jugadores vestidos de amarillo contra 11 de blanco. Un presupuesto modesto y casi mileurista contra unas cuentas astronómicas. 11 jugadores que se levantaron el día después para ir a su puesto de trabajo (me imagino que habrá de todos los oficios), contra 11 "timadores de sueños" que dejaron al descubierto el "fiasco y el circo multimillonario y mediático" de lo que hoy llaman fútbol. Es cierto que cuando un equipo de las características del Alcorcón juega contra un gigante se crece, se automotiva... Es entendible que estos 11 chavales cuando tienen una oportunidad de jugar al lado de sus ídolos (Raúl, Guti...) sueñan, y soñar es sinónimo de volar, de marcarse desafíos, de trabajar en equipo... y entonces es cuando el imprevisto irrumpe en escena. Fijénse el Alcorcón milita en la Segunda B (tercera) y dispone de un presupuesto anual de 1,2 millones de euros, es decir, unas 300 veces menos que el Real Madrid. Dice el refranero que hace más que el que quiere que el que puede, y a veces en fútbol pasa esto. El Real Madrid no quiso, no se divirtió, no tuvo disciplina, no obedeció y encima humilló a una ficción. A mi me encanta el deporte. Soy del Madrid de toda la vida. Confieso que en más de una ocasión me fui a la cama cabreada. A veces me pregunto que derecho tienen estas "estrellas" de "atracar" el sueño de miles de niños que se compran su camiseta, que tienen colgado su poster en la habitación, que se quedan a veces sin horas de sueño para verlos chutar un balón, que tararean el himno y cantal goooooolllll. Otros como los jugadores del Alcorcón contarán a sus hijos, nietos que una noche fueron protagonistas de una victoria épica, que ganaron al Madrid galáctico... y que se fueron a dormir sabiendo que dejaron todas sus ganas en el terreno de juego, eso que llaman sudar la camiseta. Los del Madrid no podrán hacer lo mismo. Y encima Guti, como siempre, faltando a las buenas prácticas de la buena educación. Los de Pellegrini tendrían que hacer un ejercicio de humildad... y el propio entrenador ser capaz de ponerles las maletas en la puerta. A veces en estos equipos se necesita una mano de hierro, un buen coach que ordene tanto "individualismo y fama junta", en vez de estrategas del fútbol. El que llevó al submarino amarillo a sus momentos de gloria, se topó con los extraterrestres millonarios, productos del marketing de Florentino Pérez. La cabeza de Pellegrini puede rodar, deberá aprender en sólo dos encuentros como volver a generar un clima de satisfacción, rendimiento y desarrollo colectivo. Uiiiii, Uiiii ¡qué díficil!

"Hay que volver a retarle, y que la vida no nos espere detrás de la puerta"



"La soledad es muy hermosa... Cuando se tiene alguien a quien decírselo". G.A. Bécquer.

¿Conocéis algún caso de alguién que en milésimas de minuto se queda sin lo que más quiere? Ayer tuve la oportunidad de estar con una mujer que acababa de perder a su marido y a su hija de 15 años. Conozco de cerca a una amiga que se quedó sin sus dos vidas (su chico y su hijo de poco menos de 7 años)... Siempre tenemos un caso a nuestro lado. ¡Qué putada! ¡Esto si que es una gran putada! ¡La vida te juega una gran faena! Te pega una estocada magistral y te pone rumbo a ningún sitio. Ya no valen las discusiones, ya no se aceptan los no dije, ya se quedan demasiados interrogantes sin que nadie te lo pueda contestar...¿y no me dio tiempo a decirle lo que le quería, y por qué no le dije lo que le echaba de menos...? En el caso de la primera, hasta perdió su casa. Se queda sin nada, sin su camisa, sin sus fotos, sin su olor en la almohada... ¡Qué difícil levantarse! Pero la vida sigue y ahora te toca a ti meterle un gol. Me imagino y así lo haría que habrá que ir tomando pequeñas decisiones para volver a encontrar la brújula que ponga rumbo a otro lado, donde volver a sonrier. Animarse a uno mismo, sellar resentimientos y dudas, matizar aciertos, olvidarse de sin sentidos y agarrarse al día. La última de las libertades humanas es la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino, lo decía Viktor Frankl. Sólo me atrevo a automedicarme y daros una receta: "Hay que volver a retarle, y que la vida no nos espere detrás de la puerta".

Bombardeo de aire fresco: no es lo que vendes sino como lo vendes


Esta tarde tuve la oportunidad de impartir una conferencia en la biblioteca de Can Salas en Palma para un grupo (aprox 35) funcionarios, inspectores del área de Consumo del Govern balear y Ayuntamiento sobre Publicidad y Marketing. Pero lejos de teorías, me acordé por un momento de las clases plastas de algunos de mis profesores en la Facultad de Ciencias de la Información en la Complu, de Madrid. Y encima me tocaba torear a las cuatro de la tarde, después de comer y cafecito. El título ya lo busqué para sorpresa de todos los allí presentes que se preguntaban de qué iba a hablar: "Bombardeo de fontaneros ante la crisis: el quién es quién de los mensajes". Intenté echar mano de todas las herramientas que ofrece la oratoria para no aburrir y sobre todo para activar un palillo entre sus pestañas evitando que cerrasen sus ojos. Situaciones reales con anécdotas publicitarias de las grandes firmas en los medios de comunicación, imágenes sugerentes y provocadoras y pasión por el cambio hizo olvidar por un momento a la treintena de funcionarios que hacen por la mañana en su silla para volver a soñar en aquello en lo que creen.
Les hablé de los valores de la marca ante tiempos de crisis, de la necesidad de ser únicos, del poder de la publicidad para asaltar la mente del consumidor, de los vendedores de sueños, de las estrategias basadas en los sentimientos, de las personas marcas y del marketing de guerrilla.
Pero lo mejor, de la voluntad (querer hacer), de la necesidad (tener que hacer), de la oportunidad (dejar hacer) y de la libertad y las ganas de superar los obstáculos para activar la creatividad y el ingenio en los equipos directivos que ponen su mirada en la innovación.
Ya decía Albert Einstein que "locura, es hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos", por eso hoy todos tuvieron la oportunidad de hacer algo diferente, impulsados por un director y un equipo que apostó por ofrecerles algo diferente que les hiciese despertar de la rutina. Si en ello colaboré, mil gracias, porque yo también aprendí cuando diseñé el power point y pensé en las 4 de la tarde en “Si usted no puede soñar con sus clientes, le espera un duro despertar. No es lo que vendes sino como lo vendes".

El poder de la palabra

Dice Eduardo Punset que... "El poder de la palabra escrita en los humanos supera todo lo imaginable. No me pregunten por qué". Coincidio con él, pero es más añadiría que hay conversaciones que curan. El poder de la palabra es infinito, intenso, da vida, te hace sonreir, olvidar, saborear el momento, soñar, olvidar...
"Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas". Martin Luther King

Directos al corazón, no lo dudes

Me he preparado esta bateria de videos para proyectarlos durante mi conferencia sobre Publicidad y Marketing. Hablo de los invisibles que se convierten en deseo y del excelente tandem, sentimientos-consumidor.



"Estás aquí para ser feliz" de Coca-Cola, a través de un anciano de 102 años (Josep Mascaró), envía un mensaje de optimismo a un bebé recién nacido. Un mensaje cargado de esperanza y bondad con el que Coca-Cola invita al consumidor a "destapar la felicidad".



Endesa nos sorprendía con la campaña "Para los hijos de tus hijos". Este spot, llevado a cabo por las agencias McCann-Erickson y SCPF, promueve una nueva conciencia empresarial. En el anuncio, los niños deciden hablar a sus padres sobre el porvenir de las generaciones futuras, aludiendo a la necesidad de reinventarse. La canción de fondo es una versión de "Tomorrow" de "Anni", el famoso musical de Broadway.



El que más me gusta a mi, me rompe el corazón: Asociación Afanoc - Niños con cáncer (No te pedimos más de lo que puedas dar).

Con el cambio de hora, me levanté hoy al amanecer. He visto despegar el sol. Y me apeteció escuchar esta canción que os dejo de La Lupe. En mis tiempos de movida estudiantil, allá por 1991 tuve la ocasión de compartir piso y risas con el que hoy es un genio, Amenabar, con su última odisea Ágora. Allí conocí también a Eduardo Noriega y a Mateo Gil. Incluso en aquel pisito de Antón Martín hicimos el casting de alguno de sus cortos. Con ellos fui a un lugar encantador que se llamaba La Lupe, por Lavapiés. Mucho de lo que sé hoy en cine, lo aprendí entonces. Mi gusto por el teatro me lo enseñó mi gran amiga Eva Isanta. Era mi amiga inseparable durante mis años en la capital de España, en la Facultad de Periodismo. Una actriz que se ha hecho asimisma con mucha pasión y horas de trabajo. Nunca se rindió y lo conseguió. Esta es su mejor recompensa. Lo excelente es que a pesar de haber subido al cielo de la farándula, haber tocado las tablas de los mejores salas de Madrid e incluso de España, haber rodado series de TV que la han consagrado como una gran profesional, cuando baja a la arena de la vida, siempre es la misma que conocí en Carboneras en el verano del 89. El éxito no le trastocó sus raíces. Por eso la admiro. Las personas con las que más a gusto nos encontramos son las que nos comprenden. Si queremos que los demás se sientan cómodos y comprendidos por nosotros, simplemente escuchemos sin juzgar (ahora lo he conseguido un poco más que hace unos años); no aconsejemos con tanta facilidad (tengo una conocida que se pasa todo el día dando recomendaciones y sin embargo, pierde el rumbo sobre su propia vida); y pongámonos en su corazón. Si consigues esto, es señal que tienes un@ amig@. Esto me pasa con ella. Esto sí que no es teatro.

Eh tú, ¿y el silencio para Madrid?

Las prisas nos impiden escuchar. El vértigo con el que trabajamos a veces nos hace perdernos en un mar agitado con olas que no te dejan ver más allá de la tempestad sin darnos cuenta de las pequeñas cosas. El ya, la inmediatez, la presión... nos hace perdernos todo lo que nos enseña el silencio. Esto lo aprendí de una gran amiga, de esas que la A se escribe con una mayúscula con neón porque son insustituibles, irreemplazables, indispensables, imprescindibles, esenciales, vitales, esas de las que te despides y se quiebra la voz. Esto es Madrid. Así de sencillo.



Siempre que veo historias como éstas suelto: Todos tenemos que dimitir como personas. ¿Pero en que mundo vivimos? ¿Estamos locos? ¿Estamos deshumanizados?
Lo publicó ayer El Mundo
"El mar mece una patera donde una madre abraza a un bebé de año y medio. Hace cuatro días que la madre que abraza al bebé de año y medio vio morir a la otra pequeña, Emmanuella, también nigeriana, más o menos de la misma edad que su niña. Desde que tuvo que tirar su cuerpo al agua, la madre de Emmanuella no ha vuelto a hablar.
Les dijeron que la travesía iba a durar seis horas y la madre que abraza al bebé de año y medio les creyó. Por eso apenas cogió un bocado de comida y sólo le puso a la cría una chaqueta y un pantalón. No hay líquido que tomar ni alimento. El motor está averiado porque el combustible iba mezclado con agua. El viaje dura una semana. La madre que abraza al bebé de año y medio anda rezando. ¡Qué frío hace aquí, hija! ¡Qué oscuro está!
La madre que abraza al bebé de año y medio le tiene que dar sus propios orines a la hija para que no se deshidrate. Un día sí y otro también. La madre que abraza se llama Josephine y calla. El bebé se llama Chioma y ya habla. Como un disco rayado habla. Todo el rato con lo mismo. Mami, comida, mami, comida...
Cada vez se mueve menos Chioma. Ya ni se queja. Al séptimo día, tal y como hizo la madre de Emmanuella, la madre que abraza al bebé de año y medio tiene que arrancarse el cuerpo de Chioma y tirarlo al mar. Ha muerto justo una hora antes del rescate en helicóptero.
"En la noche del 19 de agosto la niña no se movía. Se lo dije a John. En siete días sólo había bebido pis, por eso murió. Yo no paraba de llorar. John se me abrazaba: "Tranquila, no podemos hacer nada, tranquila". Cuando una hora después llegó un helicóptero a rescatarnos, Chioma ya no estaba porque tuvimos que tirarla al mar. Ésa era la norma".

Regalos y regalos... Imagiment. Silencio.



El inglés que controlo, no me da ni para pedir agua, por favor. Es más detesto a éstos que cuando te dan una conferencia, o conversan contigo de 10 palabras, 7 las dicen en inglés. En una ocasión, durante un encuentro con una directiva le pedí que donde había trabajado y a qué se dedicaba en un gran grupo de comunicación en Madrid. Os aseguro que al final me fui a casa preguntándome si estaba de frega-cristales o de directora de comunicación... con tanto anglicismo. Pero hoy me he atrevido a utilizar Imagiment o lo que es lo mismo la gestión de la imaginación. (El resto en castellano, eh). Y les decía esto para explicar el valor de los regalos. Esto es como el valor de las empresas. Es lo mismo. ¿En qué piensan los gerentes, las direcciones generales...? Pues a veces se quedan en los números. Tengo en mi mano un manuscrito que empieza así: "Quería encontrar algo con corazón para tu cumpleaños". A qué suena bien. Pues continuo: "No es sólo música, es mucho más. Así suena Palma, la Palma que me gusta". Si les digo que era un CD de un músico callejero. ¿A que cambia la historia?. A veces nuestros jefes se olvidan de poner un poquito de corazón en su razón. Obsesionados con los objetivos olvidan la cuerda de su caja roja. Y no se dan cuenta que los que están a su lado, sienten, padecen... Un gran amigo me enseñó a repensar, a rebuscar, a escuchar... Una gran amiga me adentró en el mundo del silencio, de la paciencia, de la espera... El tiempo es la mejor herramienta. A veces no hay que sumar euros. Y más en los tiempos de crisis de apretarse el cinturón... Algunas organizaciones van a sufrir de anorexia como se descuiden. Y en ese descuido pueden perder hasta el talento que tanto les costó ganar. Y todo esto para contarles que a los regalos no se les mira la etiqueta (el como se llaman). Aunque tengo una conocida que en más de una ocasión hasta se atreve la valiente a preguntar que cuánto nos costó. ¡Qué pena! Os tengo que confesar que siento una extraña vergüenza cuando me regalan que hasta cierro los ojos; y no os quiero contar lo que me entusiasman los Reyes Magos, recorro toda mi casa para buscarlos, pero la mejor carta que te pueden dejar son letras como "Existimos porque alguien piensa en nosotros, y no al revés. Las cosas no son porque existan, son porque se sienten, porque alguien las retiene, las recuerda, les da vida". Esa es la mejor recompensa.

Leía un artículo el pasado domingo que hablaba de happyshifting... happy qué...Pues parece ser que es una nueva "tribu" que transforma el mercado laboral cambiando la queja por la acción y la pasividad por la resolución. Fantástico. Porque cada un@ de nosotro@s somos responsables de las emociones que queremos alimentar. Se trata de emplead@s que necesitan saber que lo que hacen tienen verdadero sentido. Y la verdad que a veces después de tener jefes tóxicos, compañeros murciélagos-grises, y con tanto estrés y presión que manda este sistema del siglo XXI a ver quien tiene coj... de no querer ser útiles y pensar que sirve para algo sus 8 horas en el mejor de los casos (por que sé por experiencia que más de un directiv@ hacen un sol a sol). Por supuesto que la vida laboral y personal pueden correr por sendas paralelas (pero queda tan lejos eso de conciliar, aunque está de moda, hasta sus voceros a veces ni la cumplen y lo que es peor ni la dejan cumplir y miran al de al lado con un cierto desprecio, quizás porque ell@s no son capaces de cambiar su chip). Ser feliz es la elección de cualquier humano. Lo que tenemos que ser capaces es de quedarnos con los aspectos positivos de nuestro trabajo y rechazar a la gente negativa, a los rumores y encontrar colegas con los que aprender todos los días. Difícil prueba. Soy bastante inconformista, y lo mejor en los días negros, esos que tienes bajón, es aplicar cuidados paliativos. Stop, cargar pilas y esperar que despejen las nubes. Mañana se verá de otro color. Esto es también talento, aunque a veces seamos presas del desasosiego. Desde pequeños siempre nos llenan la cabeza con carreras para no pasar hambre, triunfos a toda costa, tener dinero, alcanzar la cima del éxito... Lo ideal, la excelencia se alcanza cuando somos capaces de ser felices con lo que somos y con nuestra capacidad para vivir en coherencia con nosotros mismos. A veces este desierto es duro, pero sólo el coraje y la humildad de reconocerlo, nos conduce al sendero de la felicidad. "La felicidad es un estado interior, y por ello no depende de lo que tienes sino de lo que eres" (E. Punset)

Desnudos de compromiso y confianza de violines




La otra noche me escapé a un conciertazo de música clásica, en el Teatro Principal de Palma. Era la gala de apertura del Festival de Música, un evento que cada año va tomando más renombre, eso dicen los que entienden. ¡Gracias, Amadeus! Por supuesto, Mozart. Pero lo importante no es lo que fue (una pasada, como sonó) sino lo que significó (inolvidable e impagable). Un regalo para siempre recordar un día especial. Y os dejaré esta historia que pasó en Auschwitz. Un hombre amordazado por la crueldad y la sinrazón de las atrocidades que se cometen en un campo de concentración, sobrevivió y encaró la vida con la ayuda de... Su mujer le escribía todos los días una carta junto a su bebé, a quien siempre le decía, ¡hijo, escríbele algo a Papá! Aquellos inocentes garabatos le echaron un salvavidas a este pobre hombre para buscar sentido a su vida en aquel agujero de “mierda”.
Como diría Serrat en su canción Aquellas pequeñas cosas: “Uno se cree que las mató/ el tiempo y la ausencia. / Pero su tren vendió boleto / de ida y vuelta. / Son aquellas pequeñas cosas, / que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, / en un papel o en un cajón. / Como un ladrón / te acechan detrás / de la puerta. / Te tienen tan a su merced / como hojas muertas / que el viento arrastra allá o aquí, / que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.
Y es que a veces pasamos por alto las pequeñas cosas. Esas que dan sentido a nuestra vida. Hay palabras que no tienen precio. Hay besos que nunca se pueden olvidar. Hay abrazos que de repeten te dan vida. Hay momentos que nunca se podrán volver a repetir. Hay, hay, hay...Desnudos de compromiso y confianza. Cómo me encantan estas dos palabras. Cuesta tanto ganárselas, y se pueden destruir... en un solo minuto. Lo más importante, siempre regarlas, alimentarlas, mimarlas... No tienen precio, no se necesitan millones de euros, sólo buenas intenciones. Es una díficil tarea. Lo sé, pero se consigue. Lo ideal nunca, nunca traicionarlas, aunque a veces tengas que dejar en la cuneta a alguien o algo. Silencios de violines y violonchelos acostados para devolverme a tiempo aquello que siempre deseé. Y encima, se quedó a mi lado. Un Réquiem por Mozart.




Hablaba esta tarde con una amiga sobre el papel de las madres, de los padres.... Y me acordé de una historia que leí hace ya algún tiempo y decía así: "En un viaje reciente, mi mujer y yo conocimos a una argentina de 79 años, que -como nosotros- andaba de paseo, y de la cual nos hicimos amigos. Su nombre es Madeleine Mauleon. Hace unos días, Madeleine nos envió por correo un sobre con escritos que atesora, entre los cuales estaba el que reproduzco a continuación, y que- según consta al pie- pertenece a un señor de nombre Pino Servodio.
Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa y mientras lo asistía averigüé que era eso tan urgente que tenía que hacer. Me dijo que debía ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer, quien vivía allí. Me contó que estaba hacía algún tiempo en ese lugar y que padecía un Alzheimer muy avanzado. Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana. “No”, me dijo. “Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce”. Entonces le dije, extrañado: “Y si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas? Me miró, y me dijo: “Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé quien es ella”.

Ahora que estoy tan lejos de ellos, y se van haciendo mayores, se me rompe el alma de pensar que cuando me necesiten... ¿Dónde estaré yo? Lo tengo claro, junto a ellos. Cuando le doy de comer a Luna, cuando la visto, cuando la abrazo, cuando le beso la frente, cuando saltamos en la cama... Veo claramente cuanto les quiero, y lo que somos para ellos. La canción va por ellos.



Faltaba en esta página una entrada a Carboneras. La puerta directa a mi corazón, a un trozo del mediterráneo, siempre presente, que baña mi alma y mi "sentio". Allí pasé mis primeros 18 años de vida, y siempre que puedo vuelvo porque las raíces nunca se deben ni las quiero perder. Aunque esté sentada en el sofá de mi casa en Palma, siempre me laten en mi mente las dos instantáneas que se asoman en esta ventana. Allí huelo de otra forma. Las risas resuenan en ecos que se estrellan por sus callejuelas repletas de mi infancia, de mis primeras amistades, de mis primeros amores, de las caricias de mis padres, de la mirada de mi abuela, de mis improvisados circos, de mi días de jabegueta con mi prima, de mi espera a mi padre cuando llegaba del mar, de mis intensos e inolvidables partidos de balonmano, de mis charlas con mis maestros, de mis clases en el Simón Fuentes, o en el Instituto Juan Goytisolo, de mis escapadas a bucear, a nadar hasta la Isla... Siempre volver es el reencuentro. Nostalgia de días felices. Mi arena, mi agua, mi mirada a la Isla grande (al abuelo de los meros- como me lo enseñó mi padre, mi abuelo...), mi olor... En mi castillo de los sueños, Carboneras. Mis raíces, mis gaviotas, mis caracolas, mis carcajadas sonoras, mis galanes, mis barcos, mis chavalerías, mis correntillas, mi familia, mis pelotazos al larguero, mis paseos en solitario por aquel Lancón que tanta veces despedí para siempre volver. Tú, Carboneras. Agito mis brazos en el viento de Levante. Cierro los ojos soñando que coges mis manos antes de que los abra. Y yo, que lloro este rincón, añoro por convertirla en un barco de papel y navegar lejos. Eso soy. Bajo un cielo que siempre mira a la mar.


Para ti, que te resistes a morir y desnudas tu pasión


Para todas aquellas personas que aún sueñan en sus puestos de trabajo aburridos. Para aquellas personas que asumen responsabilidades. Para aquellas personas que premian a sus sonrisas internas. Para aquellas personas que buscan el sentimiento de utilidad. Para aquellas personas que se resisten a quedarse con los brazos cruzados en su sillón. Para aquellas personas que crecen con sus canas siempre pensando que habrá una segunda oportunidad. Para aquellas personas que todos los días se entrenan para cambiar. Para aquellas personas que no dejan morir a sus neuronas. Para aquellas personas que innovan, crean y son capaces de salirse del carril. Para tod@s aquell@s que clavan su mirada en buscar nuevos horizontes. Para todos aquell@s que aún creen en hacer sonreir a su corazón. Por vosotr@s, porque sois personas y teneis derecho a sentir. A quienes no se rinden y creen en sí mism@s. Observaciones: Hay que poner de moda, desnudar la pasión. Con eso sí que ganamos tod@s.

Hoy estuve hablando durante un rato con una directora de comunicación de altos vuelos. Llegó a su nuevo puesto allá por el mes de abril, y después de tres meses se ha atrevido a recomponer su equipo. A uno directamente les enseñó la puerta de salida, a otros les ha pedido lealtad, compromiso, confianza, implicación... No les ha exigido que sepan hacer una nota de prensa con un titular llamativo, no les ha sugerido que sean ordenados en sus despachos, les ha pedido directamente todo lo demás... Eso que olvidan cultivar las empresas. A veces es tan díficil llenar despachos de gente comprometida, pero a la vez resolutivos, proactivos, competentes... A mi me encantaría contar cuantos directivos levantan la mano cuando se les pregunta ¿confían ustedes en sus máximos colaboradores? Es un valor que cae en el olvido pero es clave para avanzar.

Nunca se puede dejar de soñar, eso sí que es un fracaso


Lo decía el alcalde de Madrid, descorazonado y roto. Qué humano es siempre Gallardón. Su alma en cada acción se puede desnudar ante los flashes de miles de cámaras. Nunca tiene vergüenza en expresar sus sentimientos. Decía hace unas horas que "Madrid ha hecho lo que tenía que hacer porque no podía ni debía dejar de recorrer el camino después del primer esfuerzo de Singapur". "No nos vamos a hundir en la tristeza que todos tenemos. Después de no ganar en la elección para 2012 dije que no era un fracaso, el fracaso es rendirse y no rendirse no significa tener que seguir con los mismos objetivos, pero Madrid en todos los que se marque seguirá soñando". Porque soñar es lo mejor que le puede pasar a una persona. El equipo de la corazonada llevaba meses haciéndolo. Pero al final, se apagó la ilusión. Nunca el haberlo intentado puede ser sinónimo de fracaso. Nunca el haberlo soñado puede llamarse fracaso. Nunca una derrota puede ser un fracaso. Fracaso es quedarse con los brazos cruzados. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Pero se intenta. El fracaso es siempre la gran oportunidad para levantarse y volver a empezar. Es difícil la constancia. Es complicado no desfallecer. Pero es más temeroso morir sin haberlo intentado, por lo menos haberlo intentado. Madrid, siempre estará allí con la mano abierta de colores. Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid. Gracias Madrid.

No quiero quedarme con si yo hubiera...


"A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa".
La muerte me da miedo. Quizás sea perder el control ante lo desconocido. Pero lo cierto es que cuando pienso en esa dama se me inundan los ojos de lágrimas. Hoy, durante una visita a una UCI de un hospital, vi a gente entrener a la muerte, engañarla, darle largas, olvidarla... Me quedé pensativa y soñé que estaba viva. Y ¿por qué conté todo esto? Porque alguna vez escuché que las últimas palabras antes de morir alguién siempre son: si yo hubiera... Hoy intenté mirarla de frente y pensé... Si todos nos parásemos a pensar unos minutitos al día, cuántas veces sonreiríamos, besaríamos, amaríamos, saltaríamos, perdonaríamos, olvidaríamos, disfrutaríamos con lo que hacemos, saldríamos, entraríamos, mandaríamos a tomar vientos lo que hacemos... Creo que aquí, estamos de paso y merece la pena siempre darse una oportunidad para volver a empezar. Lecciones de vida.