
… cuándo os enterastéis de que los Reyes son los padres? Mi marido tiene en mente, de forma imborrable, aquel día en el que comprendió que los adultos mienten. Menuda conspiración adulta, la cabalgata de los Reyes Magos. Dice Alberto que tardó bastante tiempo en perdonarles la ilusión que habían roto. Creo que esta experiencia, al igual que otras similares que nos suceden durante la infancia nos permite hacernos fuertes para las ilusiones que nos serán pisoteadas en el futuro. Nos permite valorar lo importante que es la ilusión en nuestras vidas, por frágil que nos parezca. Al igual que es el compromiso y la confianza en cualquier organización o entorno. O reconocer la adversidad y hacer las paces con ella. Es cuestión de ir construyendo arqueología interna con paredes herméticas con post-it de colores: credibilidad, respeto, trato justo, orgullo y amistad. De la fragilidad a la fortaleza hay un trecho. Difícil es recorrerla, pero al final, llega la recompensa.
Mira tú
la vida puede sorprenderte mucho más
que cien años que pases en el mismo lugar
creyendo que lo has visto to’
y no has visto na’
y no sabes na’
Fiate tú
tanto y tanto como ando yo de aquí p’alla
casi siempre tonteando y sin adivinar
que esto dura lo que dura
y hay que aprovechar
De momento
la vida pasa de momento
de momento
aquí todo es de momento (bis)
Yo sé bien
que tengo que luchar para sobrevivir
que nadie será el dueño de mi porvenir
tan sólo yo puedo saber que quiero ser
y proceder
Puede ser
que viva de ilusiones que yo fabriqué
que tenga en los bolsillos sólo arena y fe
pero del aire no me puedo alimentar
esa es la verdad
Y aquí estoy
jodido por este camino que escogí
pero vale la pena llegar hasta el fin
hay que sentir del amanecer
para crecer
Pero sé
que aún me quedan lágrimas por derramar
será el precio que pague por mi libertad
quiero sentir que hice lo que yo
de verdad soñaba.

Hoy leía un artículo en El País, y me hizo recordar. En mi casa nadie da las gracias. Si esa palabra que después de pedir o recibir algo, se utiliza de forma automática. Mi padre siempre me decía y me dice cuando la utilizo “no me des las gracias, no”. Y así me críe yo sin ese paraguas tan utilizado por ingleses y franceses. Sin embargo, sí apreciaba en mi casa, muestras de agradecimiento más allá de un vocablo de siete letras. Sin embargo, viví una infancia y adolescencia en la que las frecuentes comidas y visitas eran un denominador común. Alegría y agradecimiento auténtico por amigos y personas queridas. Mi padre en esto es un auténtico maestro. “Mientras los ríos corran al mar y haya estrellas en el cielo, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido” (Virgilio)Hasta hace unos años, no incorporé esta palabra a mi básico diccionario diario, a pesar de verlo y haberme sido recomendado. Es más, en todos los e-mails que recibo al día ya lo incorporó como una señal de identidad, pero dependiendo para que personas sería suficiente adjuntar un simplemente recibido, cumplido (esto también lo tengo claro). Los métodos de cortesía así lo dictan y así lo entendí. Ahora que mi Lunita ya empieza a hablar es divertido apreciar como siempre la pronuncia como una pócima mágica: Gracias y de nada. Todo junto, en un pack como los yogures, de dos en dos. Sin embargo, para mi el auténtico reto es enseñarle a hacer cómo llegar a otra personas y hacerle sentir que le estamos agradecidos de verdad. Cómo podemos mostrarle que ocupa un pequeño espacio en nuestro corazón y en nuestra mente. Luna tiene que saber que es imprescindible pensar en gestos, en palabras, en actos… que lleguen al otro como un guiño de “estoy aquí, eh. Gracias de corazón. Me acordé de ti". Esto siempre lo supe hacer, aunque en muchas de mis conversaciones no utilizara esta tirita que sirve para todo. Siempre es un buen día para corregir, pero la esencia siempre la reconocí. Gracias. Un millón de gracias.

De: Tristeza
Para: Valientes
Ayer me enteré que el novio de una amiga le ha dicho adiós sin explicaciones por e-mail. Me asusté. Me hice preguntas de la utilidad de las redes sociales, de las máquinas del éxito inmediato, de los e-mails… Y la verdad que es parte ya de nuestra historia. Hay gente muy sola, muy triste, muy desesperada, muy alegre, muy humilde… que vive en el 2.0. Todos queremos estar en facebook, twitter... Dicen que tener a alguién con quien contar las 24 horas, en canal abierto, retrasa el parkinson, calma las penas, regenera neuronas… Pues bienvenidas sean las nuevas tecnologías, si se trata de salvar vidas. Es una ventana abierta al mundo, a la vida, a los amores, a las anécdotas, a los desencuentros, a las inquietudes, a los gustos, a las añoranzas... Ya cada vez se habla menos y se escribe más y se escucha también más, quiero pensar. Es difícil comprender las sorpresas que nos aguardan las esquinas de la vida. Y es cierto que las personas sólo cambiamos cuando de verdad nos damos cuenta de las consecuencias de no hacerlo. Lo vivía Marcel Proust con su magdalena y ahora se apuntan los del PNL, el verdadero significado de las palabras no están en los diccionarios sino en las emociones que nos suscitan. Un teclado, una luz en verde del messenger activa a las personas. Hay que saber controlar ese lenguaje emocional, lo que nos decimos y cómo nos lo decimos. Hay que intentar educar a nuestro cerebro, reinventarnos, hacer cosas diferentes para obtener resultados distintos. El mejor cortafuegos, el saber aceptar y abrazar lo que nos pasa, y en no hacer de nuestros sentimientos una vida de sentimientos. Es bonito sentirse triste, aceptar la tristeza, pero no por favor, perdamos recursos. Tienes que ser capaz de dar un paso adelante, aunque sea pequeñito, pero haz algo, toma una decisión, aunque no sea perfecta, un movimiento sencillito, lleva a un gran revolcón a nuestro cerebro. Me asusté de unos e-mails, y ahora tengo que volver a empezar. Así se sintío nuestra amiga cuando recibió un e-mail.
